Tras la invitación desde el Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Aragón para reflexionar sobre el tema que da título a estas líneas me vino inmediatamente el proyecto realizado por ARQUEOGUTI en Villarroya del Campo desde 2017 hasta hoy mismo.

Desde su ayuntamiento se nos pidió poner en valor los restos existentes en la ladera y cima del cerro situado inmediatamente encima del casco urbano actual. Se apreciaban varias zonas con sillares que pudieran ser celtibéricos tanto en la ladera de acceso a la planicie superior del cerro como bajo la Ermita de San Bartolomé.

Tras varias catas comprobatorias del potencial arqueológico pudimos asegurar que los sillares visibles son reutilizaciones modernas de una muralla probablemente celtibérica que hoy día se encuentra totalmente desmontada. Sin embargo, hallamos restos de la Edad del Hierro de la época romano republicana, así como tres fases medievales y bajomedievales hasta que la cima del cerro quedó abandonada en tono al siglo XVI. Estas investigaciones las publicamos en dos artículos en el III CAPA de 2020.

Una vez obtenidos estos resultados, comenzó la fase de exposición al público y aprovechamiento patrimonial. El consistorio nos encargó la cartelería explicativa de los restos, así como una vitrina expositiva de los materiales más representativos. Igualmente elaboramos un audiovisual sobre la Historia y Arqueología del municipio que puede ver online: https://acortar.link/jS782B

 

Como paso final el ayuntamiento de Villarroya del Campo encargó la protección de los restos con varios techados metálicos, así como un suelo acristalado sobre la cata más interesante que permite a los turistas “caminar” sobre los suelos y muros de las distintas fases de ocupación, al tiempo que protege de las inclemencias meteorológicas. Además un enlace QR permite ver una simulación 3D de la estancia de la Edad del Hierro.

Desde entonces se han celebrado tres recreaciones histórico-festivas, a primeros de julio, en las que los naturales del lugar y turistas disfrutan de su pasado físico e inmaterial, con gran éxito de asistencia. Como me decía un vecino una tarde. “Es la primera vez que veo entrar de propio al pueblo a alguien y era preguntando los restos arqueológicos”. Y eso que la iglesia parroquial es un monumento digno de ver y que alberga unas tablas de Blasco de Grañén que nadie debería perderse.

Para los habitantes de Villarroya del Campo, el descubrimiento del yacimiento ha supuesto pasar de un horizonte histórico corto a conectarse a los orígenes e historia en un amplio espacio geográfico peninsular y un sentimiento identitario propio y, al mismo tiempo, europeo.

El proyecto sigue vivo y este pasado mes de julio de 2025 hemos continuado con la excavación de otro sondeo, gracias a la financiación de la Asociación Cultural El Botear, dentro del proyecto de Instituto Aragonés de la Juventud en la que veinte jóvenes de todo el mundo han tomado contacto con la arqueología y llevado su alegría el pueblo durante dos semanas. En 2026 se pretende continuar con la actividad.